Comenzó la temporada de ballenas: los consejos de un experto para ir a verlas

Llegaron las ballenas a la costa uruguaya: lo esencial para quien quiera verlas es armarse de paciencia y también abrigarse, ya que pueden ser tres, cuatro, cinco horas en las que hay que aguantar el frío para disfrutar de este espectáculo de la naturaleza. La temporada comenzó acompañada de varios días de buen tiempo y ya se pudieron ver algunas en lo que va del mes.
La ballena franca austral es visible cada año desde la costa uruguaya en la temporada que va de agosto a octubre. Vienen del sur, pasan por Argentina y llegan hasta Brasil, no más allá de Florianópolis. En este período se aparean, dan a luz y brindan los primeros cuidados a sus crías antes de volver a la Antártida.
Rodrigo García, coordinador de la Organización para la Conservación de Cetáceos (OCC), explicó a El País que en las aguas uruguayas el avistamiento es mucho más interesante porque suelen verse más que nada los grupos reproductivos: “Son los que se están disputando quién será el padre y en ese cortejo hay una lucha entre los machos por copular a la hembra. Entonces uno ve aletas, golpes, persecuciones”.
Agregó que estos detalles del comportamiento son interpretados por conocedores del tema, que son los guías balleneros, quienes “están entrenados para contarle a la gente qué es lo que se está viendo”.

Lugares.
En Uruguay los mejores lugares para verlas son Maldonado y Rocha, más precisamente entre Piriápolis y Chuy. Hay sitios estratégicos, que son elevaciones naturales como médanos o construcciones como faros, que facilitan la visibilidad.
Algunas de las zonas principales son: el cerro San Antonio, Punta Colorada, Punta Negra, Punta Ballena, el faro de José Ignacio, el faro de Cabo Santa María, Cerro de la Virgen, La Pedrera, Cabo Polonio, Aguas Dulces. “En los puntos altos se pueden divisar muchos kilómetros de radio. El tema es que hay que dedicarle tiempo a esa observación porque las ballenas tienen hasta 15 minutos de inmersión en apnea”, explicó García. Por ello es clave estar acompañado por los guías balleneros certificados por la OCC.

Paciencia.
Si hay algo que debe tener quien se disponga a llegar a la costa para divisar a las ballenas es paciencia. Como indicó el experto, estos animales llegan a estar sumergidos bajo el agua varios minutos y muchas veces no es fácil verlos.
Una recomendación a tener en cuenta es ir lo más temprano posible ya que generalmente es cuando hay menos viento, lo que va a posibilitar distinguir más los movimientos que haya en el agua.
Otro consejo tiene que ver con el equipamiento y la vestimenta que es preferible llevar: “Hay que ir bien preparados con abrigos, camperas, usar doble pantalón, guantes, ponerse ropa para resistir el viento, que es lo que baja más la sensación térmica”, sostuvo García. También aconsejó llevar algo caliente para acompañar el rato, como puede ser alguna bebida o comida de altas calorías. “Es un poco lo que llamamos el kit del senderista, que usan los que están acostumbrados a salir a la naturaleza, ya sea invierno o verano”, dijo a El País.
García añadió que, “es importante utilizar protección solar” porque “el sol muchas veces quema más de lo común en invierno”. No hay que olvidar contar con “unos buenos binoculares”, añadió, idealmente unos de 10×50 o de 8×40, que no molesten para cargar pero que tengan una buena relación entre distancia y visibilidad. Otra recomendación es llevar una cámara fotográfica que tenga zoom hasta de 400mm y si es con trípode aún mejor para conseguir las mejores postales.

Santuario.
Desde 2013 Uruguay es santuario de ballenas y delfines por la Ley N°19.128 que prohibe la caza, persecución, pesca, apropiación o sometimiento a procesos de transformación de cualquier especie de cetáceos. Incluye la prohibición al desembarque y transporte de ballenas o delfines vivos y queda comprendida en la ley cualquier actividad de agresión, molestia intencional o retención que pudiese conducir a la muerte de estos mamíferos.
Según García, desde entonces se han visto “varios indicadores que muestran el cumplimiento de la ley”. Explicó que esta legislación llegó para reforzar una que ya existía sobre la prohibición de caza y persecución de cetáceos, así como también para reforzar un decreto del año 2002 que regulaba el turismo embarcado. Según ese decreto, todos los dueños y capitanes de embarcaciones turísticas deben hacer un curso obligatorio y a partir de eso quedan habilitados por el Ministerio de Turismo, que da aviso a Prefectura con el fin de que su personal pueda intervenir en caso de detectar una embarcación no autorizada.
El coordinador de OCC sostuvo que un punto débil que tiene la Prefectura es que a veces no tiene personal para estar vigilando todo el tiempo. Por eso la comunidad del lugar ayuda: “Es un aspecto que hay que subrayar porque cuando se habla de áreas protegidas, sean terrestres o marinas, uno espera que haya un guardaparques, alguien del gobierno vigilando la ley y no es así. Quienes realmente llevan adelante las áreas protegidas son las comunidades que están al lado de esas áreas protegidas”.
Otro de los logros de los últimos años está relacionado con la exploración sísmica de petróleo y gas: “Antes de que se adjudicaran las empresas hicimos un trabajo con Ancap. Logramos que las empresas incorporaran un protocolo de prevención para mitigar el impacto a los cetáceos. Se dispuso que haya observadores a bordo de las embarcaciones y también que haya barcos complementarios que lleven observadores para minimizar el impacto”, concluyó.

Una red de avistaje para saber dónde están.
En Uruguay son bajas las chances de ver ballenas, pero en Facebook se creó hace varios años una “gran herramienta” que es una red de avistaje de ballenas y delfines en la que uno puede enterarse dónde estuvieron, señaló Rodrigo García, coordinador de la Organización para la Conservación de Cetáceos (OCC). El experto explicó que si bien las ballenas pueden trasladarse de un punto al otro bastante rápido, “generalmente suelen ocupar las zonas en las que se vieron últimamente. Si hoy estaban en La Paloma, por ejemplo, es probable que mañana estén más hacia Punta del Diablo”.

García agregó que no hay un patrón definido para saber dónde están y dónde van a estar las ballenas, pero que en esta época ellas suelen acompañar más que nada un movimiento hacia el noreste del país.
“Si se vieron en Punta del Este, por ejemplo, lo más normal es que luego se vean en José Ignacio y después en La Paloma, esto en el inicio de la temporada. Porque más hacia el final de la misma, hacia setiembre u octubre, suele ser en la inversa; generalmente empiezan a bajar hacia sus sitios de alimentación más cercanos a la Antártida”, detalló.

Más allá de las ballenas
Hay turistas que llegan a Maldonado o Rocha buscando a las ballenas, pero los que más se acercan son los uruguayos.
Rodrigo García opinó que “eso está buenísimo porque es una de las misiones de la OCC, que es darle valor a cosas que tenemos y de las cuales a veces prescindimos o no le damos esa valoración porque están ahí. Sin embargo, viajamos miles de kilómetros para ver lo que podríamos haber visto en nuestro propio territorio”.
El experto agregó que, si bien en Uruguay no hay una población abundante de ballenas, gracias a la red de avistaje creada en redes sociales, las personas pueden salir a buscarlas por los distintos sitios estratégicos.
De todas maneras, más allá de la búsqueda puntual de las ballenas, García destaca “otros componentes que llevan a descubrir la zona fuera de la temporada de verano”. Señaló que “uno se puede encontrar con la riqueza de nuestro patrimonio cultural histórico, con las particularidades de cada comunidad y la gente que vive allí. En la búsqueda de ballenas uno va encontrando otras cosas”.
También contó que “si bien las que podemos ver desde la costa uruguaya son las francas australes, no son las únicas que visitan aguas jurisdiccionales celestes: “Tenemos un avistaje de ballenas de otras especies pero fuera de la costa; a más de 20, 50 o 100 millas costeras hay muchas más especies identificadas”, dijo García, que explicó que por este motivo al salir embarcados se puede ver una mayor diversidad. Fuente: El País