Etiquetado: “El Ministerio de Industria está definiendo una política de salud pública”

En las últimas horas, el Gobierno flexibilizó las exigencias para el etiquetado frontal de alimentos. El decreto comenzará a regir a partir del próximo lunes 1 de febrero y aumentarán los valores para definir cuándo hay exceso.

En la nueva norma se entiende «pertinente en esta oportunidad, ajustar los criterios para definir exceso de sodio, azúcares, grasas y grasas saturadas, según la nueva base para el cálculo en gramos de nutriente cada 100 gramos de producto».

Con el nuevo decreto la cantidad permitida antes de ser considerada un exceso subió a 500 miligramos. El decreto que estaba vigente hasta ahora establecía que cada 100 gramos de alimentos sólidos podían contener 400 miligramos de sodio.

El azúcar aumentó la barrera. Antes se fijaba en 10 gramos el límite por cada 100 gramos del producto y con el nuevo decreto, podrá tener hasta 13 gramos de azúcar cada 100 gramos de producto.

Para el caso de las grasas totales, el límite considerado un exceso pasó de nueve gramos por cada 100 gramos de producto, a 13 gramos.

Esta flexibilización también se aplica para las grasas saturadas. Antes (decreto de setiembre de 2020), para considerar que había un exceso de este ingrediente había que superar los cuatro gramos por cada 100 gramos del producto. Ahora el límite se elevó a seis gramos de grasas saturadas por cada 100 gramos de producto.

Desde el programa En Perspectiva, emitido por Radiomundo, se buscó la palabra del Ministerio de Salud Pública al respecto, pero desde dicha cartera declinaron hacer declaraciones.

Quien sí se pronuncio al respecto fue el sociólogo Diego Rodríguez, integrante de la asociación civil Alianza ENT Uruguay, organización que combate las enfermedades no transmisibles, y quien valoró negativamente la flexibilización e los criterios.

«Desde la Alianza hicimos un relevamiento, porque el Ministerio tampoco sabe cómo va a fiscalizar, y es algo que le venimos preguntando desde hace tiempo. Salimos a fiscalizar en los supermercados, a ver las empresas que cumplen y las que no», contó.

El profesional recordó que hay productos que reúnen las condiciones poco saludables como para merecer tres octógonos en sus envases: por exceso de azúcar, exceso de grasas y exceso de grasas saturadas. Para Rodríguez, dichos alimentos «se van a ver beneficiados». Se trata «principalmente de galletas dulces, postres, alfajores y cereales».

Por otra parte, el cambio instaura cierta «manga ancha» para los productos lácteos.

«Van a tener excepciones por el tema de la lactosa o por algunos azúcares naturales, como cuando se le agrega fruta a verdura a un producto. Eso termina haciendo que el límite no sea estrictamente el del decreto, sino uno más alto», explicó.

«Hay productos que dejan de tener la etiqueta de exceso, a pesar de que sí tienen exceso», remarcó.

Según Domínguez, «los lácteos son los principales beneficiarios» de estas modificaciones «y en particular los de las empresas multinacionales. Porque en particular, la empresa nacional, de un tiempo a esta parte, ha tratado de adaptar sus productos».

«También las empresas de galletas se benefician ampliamente. Lo del azúcar es un disparate y nos preocupa mucho, porque son productos dirigidos a niños y se consumen como si fueran saludables», advirtió, algo que también sucede con algunos de los ya mencionados productos lácteos.

«Estas empresas son las que hacen un marketing agresivo para que los niños se inicien en ese consumo», añadió.

En opinión del profesional resulta llamativo que el membrete del nuevo decreto no es del Ministerio de Salud Pública, sino del Ministerio de Industria Energía Minería (MIEM)
«El Ministerio de Industria esta definiendo una política de salud pública. Es un punto muy llamativo», comentó.

«Este decreto no modifica el del gobierno anterior, sino el de este mismo gobierno, que decía que el anterior era malo y lo había modificado. Presentaron un decreto como algo mucho mejor que el del gobierno anterior, y ahora lo cambian».

En ese sentido, asegura que no llama la atención que desde el MSP no se quiera hablar al respecto, dado que anteriormente «el ministro Salinas dijo que la salud pública iba estar por encima de los intereses económicos», algo que no cuadraría con estas modificaciones.

Entrevista adelante, se refirió a la solicitud de plazos por parte de la industria para adaptarse al cambio.

«El argumento de la industria que pide tiempo para adaptarse al cambio se da en toda la región. No entiendo a la industria que vende productos en Uruguay: parece que en otros países pueden adaptarse rápido y fácil, y acá todo es un problema», ironizó.

En el mismo sentido, recordó que estos cambios no implican modificar el producto en sí, sino un simple cambio en el envase, añadiendo los octógonos que correspondan.

«Con el primer decreto, la industria utilizó ese argumento y le dieron dieciocho meses para adaptarse. Si no le basta ese tiempo, es que es la empresa es ineficiente, no está bien».

«Desde el primer cambio tuvieron otros seis meses. Ahora, con este nuevo cambio, con el que sí están de acuerdo, van a tener el cambio listo para el 1º de febrero. Ahora les da con tres días y antes no les alcanzaba con dieciocho meses. Eso es lo que no coincide en el discurso de las autoridades y de la industria, narró.

Posteriormente, regresó sobre el ejemplo de los productos de la industria láctea. «Soy consciente de que la industria nacional ha tratado de adaptarse, es cuestión de ir al supermercado y ver quiénes están etiquetados y quiénes no», dijo, subrayando que «en este tiempo muchas empresas han sufrido una competencia desleal», empresas que adoptaron de inmediato las nuevas normas de etiquetado mientras otras se demoraban.

«Las autoridades dicen que empieza el lunes la obligatoriedad, pero nadie dice cómo se e va a fiscalizar. Si no se fiscaliza es como si no estuviera vigente», aseguró.

Por otra parte, estas sucesivas modificaciones generan inestabilidad en la industria, especialmente en los empresarios que sí pretenden cumplir cabalmente y no saben a qué atenerse ante los sucesivos cambios. Asimismo, se generan discordancias en el comercio internacional.

«Estos cambios se están tratando en el Mercosur, y es uno d ellos argumentos que están usando los representantes de los importadores para los recursos que ya iniciaron sobre los decretos anteriores.», advirtió el entrevistado.

En el contexto del bloque regional, señalo que es Brasil el que está llevando la voz cantante ahora en el proceso de etiquetado. Brasil tiene un sistema malo gráficamente y con valores flexibles, y ha tratado de que los demás países se adapten a sus valores. Uruguay, con este cambio, se acerca a eso», lamentó.