“Gracias, Uruguay”: hija de repatriados de crucero habla en la prensa australiana

Cuando Madge y Jesz Fleming, residentes en el estado de Australia Occidental, decidieron salir de vacaciones en un crucero, esperaban disfrutar de una experiencia largamente soñada. Lo habían planificado por años, invirtiendo en su sueño más de 30.000 dólares. Lo que no imaginaban era que la travesía se convertiría en un relato de terror.
Como sucedió con otros cruceros en el todo el planeta, en el Greg Mortimer comenzaron a surgir casos de COVID-19. Estos navíos de placer se convirtieron en modernos émulos del tristemente recordado St. Louis: nadie quería saber de nada con recibir su cargamento humano.
El resto de la historia ya es conocido. El crucero fondeó ante las costas de Montevideo y comenzaron gestiones a todo nivel. Ello permitió el seguro desembarco de los pasajeros y su repatriación a sus lugares de origen. En una segunda etapa –todavía en curso– se hace lo mismo con los tripulantes de la nave.
Claire Leong, hija de Magde y Jez, contó este fin de semana al periódico Fremantle Herald la peripecia vivida por sus progenitores. Cuando se declaró la enfermedad a bordo, todo fue incertidumbre. Sus padres, como el resto de las personas a bordo “estaban solos e increíblemente vulnerables”, recuerda.
“Fue una experiencia muy intensa. Tengo suerte de que mi madre y mi padre sobrevivieran, porque podrían no haberlo hecho”, asegura la joven.
Jez Fleming no sólo dio positivo a COVID-19, sino que desarrolló la enfermedad. Tras desembarcar fue internado en el Hospital Británico, donde recibió atención médica hasta el momento en que se lo trasladó al Aeropuerto de Carrasco, donde abordó junto a otros 112 pasajeros un vuelo chárter hacía Oceanía.
“Sí se considera lo que hizo nuestro gobierno en relación con los cruceros, [Uruguay] tendió una mano amistosa cuando la mayoría de las personas huían o tenían medio”, dijo.

“Aunque estaba aislado en un hospital, mi padre lo vivó todo como una experiencia muy intensa. Todos estaban enguantados y preparados para ir a verlo, sentía que en ese sanatorio era parte de una familia”, narró la joven detallando que su padre percibió esa cordialidad y afecto en todas las personas con las que interactuó: médicos, enfermeros, limpiadores y todo el personal.

Cuando el Greg Mortimer partió de Ushuaia, Argentina, el 15 de marzo, la pandemia ya era un hecho. Todos los tripulantes y pasajeros pasaron por controles de temperatura antes del embarque. En ese momento, ninguna de las 217 personas a bordo mostraba síntomas.

Sin embargo, pronto surgieron casos de COVID-19 y la situación a bordo degeneró rápidamente. “Nadie sabía qué ocurría realmente, las cosas cambiaron muy rápido”, dijo Claire al citado periódico.

“Creo que mis padres dirían que, en retrospectiva, es algo increíble … obviamente, viéndolo desde el presente, nunca deberían haberse ido, y nadie debería haber subido al barco”, expresó.

Por fortuna, recuerda la joven, el derrotero del navío los condujo hasta Uruguay

“Quedaron en manos de un gobierno amable y personas amigables que realmente los cuidarían y se ocuparían de su difícil situación”, manifestó, agregando que ella y su familia estarían encantados de visitar Uruguay cuando la situación se normalice.

“Mi padre y yo queremos transmitir un mensaje: que, en los horrores de todas estas cosas, fue la humanidad y la empatía lo que finalmente hizo que todo fuera una hermosa historia … habrá más conexiones entre Uruguay y Australia Occidental, sin lugar a dudas”, vaticinó.

La compañía Aurora Expeditions, operadora del crucero Greg Mortimer, también agradeció a Uruguay: “No podemos alabar más la maravillosa atención que los pasajeros, el personal y la tripulación recibieron en Uruguay, tanto a bordo como en el hospital. Todos queremos reconocer y agradecer a los uruguayos por su enorme humanidad”, expresa un comunicado de la empresa.