La novela policial en Uruguay tiene sus sagas, sus (anti)héroes, sus autores y su público

En aquellos veranos por la calle Juan María Pérez, en el límite entre Pocitos y Punta Carretas, sus padres prohibían a la niña Mercedes Rosende hacer lo que ella más quería: salir a jugar a la vereda a la hora de la siesta. No había más remedio que leer para combatir el hastío estival. En el jardín, al fondo, había un “cachivachero” que incluía los libros que los adultos no consideraban dignos de estar en la biblioteca de la casa. “Solo servían para pasar el rato”. Entre ellos, recuerda, estaba la colección de novelas policiales El séptimo círculo, dirigida por unos tales José Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. La bestia debe morir, de Nicholas Blake, fue su primera aproximación a ese mundo.

“En una época, la novela negra era considerada casi un género menor. Al menos mis padres, que no eran especialmente intelectuales pero sí muy cuidadosos con los libros que mostraban, no consideraban el hecho de ubicarlos en la biblioteca. En ese ‘cachivachero’ también había obras de Agatha Christie”, cuenta a Galería esta escritora que, con Mujer equivocada (2011), El miserere de los cocodrilos (2016) y Qué ganas de no verte nunca más (2019), instaló definitivamente su nombre en el aún no muy vasto mundo de las sagas del noir uruguayo, regalándole un personaje que genera tanta empatía como repulsa: Úrsula López. “Alguna vez sospeché que si me decidía por el género negro, iba a entrar a la literatura por la puerta de atrás; como que todavía se nos miraba despectivamente. Pero no fue así, por suerte”.

Mercedes Rosende (62), hoy escritora full time (a fines de octubre se editó su libro de cuentos Historias de mujeres feas, por Planeta), vino del mundo de la escribanía y de la supervisión de los procesos electorales. Renzo Rossello (61) y Gabriel Sosa (54) son periodistas, Hugo Burel (69) es un licenciado en Letras que también ha incursionado en el periodismo y la publicidad, el maragato Pedro Peña (45) es profesor de Literatura, y Gonzalo Cammarota (44) dejó sus estudios de Psicología para convertirse en un conocido conductor de radio y televisión. Llegados de universos muy distintos, todos han creado su propio Philip Marlowe. La alusión no es antojadiza: la gran mayoría nombró a Raymond Chandler -responsable entre las décadas de 1930 y 1950 de que la novela negra tuviera una dignidad literaria desconocida hasta entonces- como un referente.

Personajes, conflictos y posibilidades. “Para una saga, lo importante es la credibilidad del personaje central, la coherencia en la continuación y es, creo yo, imprescindible el conflicto social”, dice Marcela Saborido, directora de la colección Cosecha Roja de HUM/Estuario, que cumple una década en este 2020. En ella se publicaron las dos primeras historias de Úrsula López (la última fue editada por Planeta), las tres desventuras de Obdulio Barreras, expolicía, exconvicto y buscavidas creado por Renzo Rossello; la segunda historia en un Macondo muy reconocible del interior uruguayo de Gustavo Larrobla, el protagonista de Gabriel Sosa; y las cuatro investigaciones del periodista Agustín Flores, el Marlowe de Pedro Peña.

Mercedes Rosende, feliz porque en estos días recibió críticas positivas de las reediciones de su Miserere… en países de habla inglesa, cuenta que Úrsula -una mujer corpulenta y asesina- nació en una charla con un desconocido que le comenzó a hablar, en forma bastante indignada, de su exesposa, durante una escala en el aeropuerto argentino de Ezeiza. “Lo empecé a escuchar como quien oye llover y luego comencé a prestar atención y se me prendió una luz roja. En un momento cambia de tema y yo lo corto: ‘¿Me puede seguir hablando de ella?'”. Vueltas de la vida: ese pasajero en tránsito terminó siendo su actual marido. “Luego el personaje fue mutando (risas). Evidentemente, ¡ella (la ex de su marido) no es ninguna asesina!”. La vida cotidiana, las noticias que salen en los diarios, lo que le cuentan sus familiares y sus amigos son manantiales de los que abreva. “¿Quién nunca fue gordo al mirarse al espejo?, ¿quién nunca sufrió bullying y lo que eso determina? Todos en parte fuimos alguna vez desgraciados, y de eso se trata la literatura”. Aun así, se sorprende de la empatía que logró un personaje aparentemente destinado a no obtenerla, así como el interés que provocaron sus imágenes de Montevideo en lectores que no conocían la ciudad.

Renzo Rossello fue durante años periodista policial en periódicos como El DiarioEl Observador El País. Le sobraban insumos y oficio: eso le permite ser claro, conciso, preciso y saber ir directo al punto sin demérito de la calidad literaria. “El periodismo es una gran lección de economía que le hace bien a la literatura”, sostiene. Obdulio Barreras -un nombre uruguayísimo hasta en lo fonético- es una especie de investigador privado con muchos contactos entre la policía y el bajo mundo, que investiga por encargo y resuelve según lo que le dicta su moral. Todo eso en un Montevideo tan reconocible que parece filmado y con personajes secundarios muy definidos y reales. Su protagonista también es un homenaje a un colega, trágicamente fallecido: César Casavieja. Renzo se emociona cuando lo recuerda.

Para él, en situaciones como las vividas por Barreras -relatadas en El simple arte de caer (2018), Cien veces muerto (2019) y la muy reciente El verdugo escondido (2020)-, que incluyen lealtades creadas tras las rejas, policías honestos y corruptos, políticos advenedizos, homofobias y transfobias, abusos sexuales, pasados que atormentan y necesidades de querer y ser queridos, permiten hincar el diente en la verdadera potencia de un género antes subestimado. “Cuando llegué al policial, con Chandler, Dashiel Hammett o Chester Himes, me quedé deslumbrado y me pareció encontrar un proyecto narrativo interesante que permitiera contar cosas desde la calle, casi una novela social. Lo que pasa con Barreras tiene que ver con la propia novela policial. No se trata solo de resolver quién cometió un crimen. Hay preguntas que tienen que ver con lo que todos vivimos: ¿qué está bien o mal?, ¿en qué se basan los juicios morales que con tanta ligereza nos hacemos? No son preguntas filosóficas sino de todos los días. A mí me parece que la novela policial es una gran herramienta para indagar en las cuestiones humanas”.

Antes de protagonizar En Carnaval todo se sabe (2014), ¿Por qué mataron a Jonathan Núñez? (2018) y Redención (2019, las tres por Debolsillo, de Penguin Random House), el detective Francisco Perrone había nacido como una radioserie del programa Justicia Infinita, del cual Cammarota es uno de sus conductores (antes en Océano FM, ahora en Urbana FM). Era un personaje caricaturizado con tintes humorísticos. Esto no es ajeno al género. De hecho, a Cammarota lo influyó mucho el irlandés John Connolly y su antihéroe Charlie Parker, quienes se sumergen tanto en el humor como en lo sobrenatural al estilo Stephen King.

“En mis primeros borradores, el humor estaba más presente, ¡como si fuera una novela de (Roberto) Fontanarrosa! Es que Perrone ya tenía cierto entorno y cierta historia. Pero a medida que pasó el tiempo me alejé del Perrone y del Gonzalo de las radioseries, de a poco me fui desprendiendo del humor”. Al igual que Rossello, Cammarota siente que temas como racismo, inmigración y desigualdad son campo fértil para la narrativa negra. Así, comenzó a indagar en el genocidio de Ruanda una vez que viajó a Bélgica invitado por un proveedor de logística portuaria, tras lo cual se reunió con cascos azules que participaron en misiones de la ONU en ese lugar; el resultado fue Redención. También se sentó con referentes de barras de fútbol para que le “pasaran letras para cosas que son ciertas y cosas que no” para Jonathan Núñez. “Las novelas policiales tratan de una sociedad que puede ser violenta y que anda pariendo crímenes y criminales; tiene mucho de ensayo y crítica social, son una fotografía de las distintas sociedades”.