Oficinas del Banco Mundial en Uruguay. / Foto: Estefania Leal
El Banco Mundial (BM) prevé que la economía de Latinoamérica y el Caribe crezca 2,1% este año, 0,3 puntos porcentuales menos que en 2025 debido a un "entorno macroeconómico desafiante" que implica altos niveles de endeudamiento, demanda externa débil y presiones inflacionarias por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. El organismo ve una desaceleración en las principales economías de la región, de la que Uruguay no está exento y califica al país de haber sido una "superestrella" de América Latina y el Caribe que luego perdió terreno.
El informe Panorama económico de América Latina y el Caribe, que en esta edición se titula "Revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad", del BM (divulgado ayer) señala que "los índices de deuda pública se han estabilizado tras el repunte posterior a la pandemia de covid-19, pero siguen siendo elevados en comparación con estándares históricos”.
Las economías más dependientes de las importaciones de petróleo y las que ya registraban mayores presiones inflacionarias antes de febrero, son las que están más expuestas a los efectos de la guerra dijo a la agencia EFE el economista jefe para Latinoamérica y el Caribe del Banco Munidal, William Maloney.
William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial. / Foto: Banco Mundial
"Todos estos pronósticos dependen enormemente de cuánto dure la guerra", agregó.
El organismo proyecta que el Producto Interno Bruto (PIB) de Uruguay crezca 1,6% este año (una desaceleración adicional respecto al 1,8% del año pasado y al 3,3% de 2024). Para 2027 prevé que la economía se expanda 1,9%.
Respecto a los dos principales socios comerciales de Uruguay en la región, el BM estima que Argentina crecerá 3,6% este año y 3,7% el año próximo, mientras que para Brasil proyecta una expansión de 1,6% este año y de 1,8% en 2027.
Uruguay: de "superestrella" al pelotón de la región
El Banco Mundial remarcó que América Latina y el Caribe "ha tenido problemas de crecimiento desde mediados del siglo XIX, cuando países como Finlandia, Suecia, Japón, Corea, Portugal y España, que tenían niveles de ingreso comparables a la región, despegaron y convergieron hacia los niveles de Estados Unidos".
"Durante el siglo siguiente, la región se estancó de manera persistente entorno a un 30% del ingreso de Estados Unidos. En 1950, Jamaica tenía el doble del nivel de ingresos de la República de Corea. Y lo que es más deprimente, las superestrellas de América Latina y el Caribe, como Argentina, Uruguay y, en menor medida, Chile, que a mediados del siglo XIX tenían ingresos similares a los de Francia o Alemania, perdieron terreno durante el siglo siguiente y convergieron con el resto de la región", lanzó el organismo.

Sede del Banco Mundial en Washington. / Foto: iStock
El documento recordó que "el período de industrialización por sustitución de importaciones se extendió de 1965 a 1989, y terminó con la aparición del Consenso de Washington, que promovió un comercio más libre. De 1990 a 2008, se extendió un período de reformas favorables al mercado que culminó con la crisis financiera mundial. A esto le siguió un período de 2009 a 2023 en el que los países comenzaron a experimentar nuevamente con medidas intervencionistas".
"Si bien el desempeño de América Latina y el Caribe fue mejor durante el segundo período, lo sorprendente es que, en todos los regímenes de políticas, la región tuvo un desempeño considerablemente peor que Asia, y el crecimiento de la productividad siempre ha sido deficiente", cuestionó el BM.
"La mayoría de los países de América Latina y el Caribe han perdido dinamismo, principalmente debido a la pérdida de productividad. El capital humano sigue contribuyendo modestamente al crecimiento agregado, que sigue explicándose principalmente por la acumulación de capital físico", señaló el organismo.
"Los países que despegaron a fines del siglo XIX tenían un nivel de alfabetismo casi completo. En cambio, las superestrellas de América Latina y el Caribe tenían, como mucho, la mitad. La alfabetización es fundamental no solo porque potencia la oferta de trabajadores talentosos, sino que también es la base para obtener mayores habilidades técnicas. Las superestrellas de América Latina y el Caribe —Argentina, Uruguay y, en menor medida, Chile— tenían el 20% de los ingenieros per cápita que Suecia o Dinamarca cuando despegaron del mismo nivel de ingreso", añadió.
En la actualidad, "entre el 25% y el 35% de las empresas en América Latina y el Caribe informan que no pueden expandirse por falta de mano de obra calificada, en comparación con el 7% en Asia", por lo que "hay empleos de alta calidad esperando a ser creados si tan solo el sistema educativo y de capacitación produce los trabajadores correspondientes", indicó el informe.
"Además, la región está rezagada en cuanto a emprendedores de alta calidad —las personas que realmente llevan las ideas al mercado— no porque los graduados universitarios de América Latina y el Caribe sean menos emprendedores, sino porque son menos", se lamentó el organismo.
Para mejorar el panorama, el Banco Mundial señaló que "facilitar el comercio y la inversión extranjera directa, mejorar los procedimientos de quiebra y mejorar la alfabetización digital siguen siendo políticas básicas y necesarias que no deberían ser difíciles de resolver. En cuanto a algunas otras políticas 'horizontales' —como garantizar una educación primaria y secundaria de calidad o invertir en infraestructura mejor—, a pesar de las tasas de rentabilidad bien establecidas, América Latina y el Caribe no ha podido seguir a los milagros asiáticos".
"Los desafíos pendientes, en lugar de focalizarse en sectores específicos, suelen ser horizontales: abordan áreas transversales como el aumento del capital humano, la mejora de la infraestructura, la aplicación de regulaciones de mercado eficaces y la garantía de la estabilidad macroeconómica. Un desafío importante es construir sistemas de innovación que impulsen el aumento de la innovación y la investigación y el desarrollo: específicamente, asegurando que las universidades e institutos de investigación de calidad trabajen en estrecha colaboración con el sector privado para satisfacer las necesidades de aumento de las capacidades de gestión", recomendó el organismo.
