
Matías Arezo festeja su gol ante Santa Fe. / Foto: AFP.
Envíado Bogotá, Colombia
Los detalles son los que definen partidos en la Copa Libertadores. Y fueron detalles en los que falló Peñarol, que se fue de Bogotá con un punto, pero con el sabor amargo de no haber podido conseguir una victoria que tuvo al alcance de la mano frente a Independiente Santa Fe en la primera jornada del Grupo E en El Campín de Bogotá.
Es que el aurinegro tuvo todo para sumar de a tres. No lo hizo. Desperdició una inmejorable chance ante un rival directo en la llave que con muy poquito le hizo daño.
Todo se empezó a desmoronar a los 19 minutos, cuando en un córner desde la izquierda del ataque local que no fue y que estuvo mal sancionado por el árbitro venezolano Jesús Valenzuela, Emanuel Olivera ganó en las alturas y puso el 1-0. Fue un baldazo de agua fría para el equipo de Diego Aguirre que hasta ese momento estaba controlando a su rival en un partido que solo había tenido remates de media distancia de ambos lados.
Un detalle. Una jugada que el fútbol uruguayo conoce de memoria como la pelota quieta fue la que le hizo daño a un conjunto Mirasol que de todas maneras se las rebuscó bien para generar peligro, pero que fue muy impreciso a la hora de tener que culminar las pocas jugadas que tuvo en ataque en el inicio del encuentro.
Pero luego y de a poco, Peñarol se fue animando ante un equipo que salvo ese córner y algún remate desde afuera del área no logró inquietar el arco de Sebastián Britos.
Así y todo, el aurinegro no lograba desnivelar ante un Santa Fe que mostraba una cara atacando en velocidad y con pelota dominada y otra -muy diferente- defendiendo. Y ahí fue donde el Carbonero hizo daño. Lo hizo con Maxi Olivera habilitando a un Luis Angulo que se perdió el primero a los 9 minutos y lo hizo también con varios remates de afuera del área que logró contener bien ubicado Andrés Mosquera.
Pero la historia tuvo un vuelco en el complemento. Dos cambios más en Santa Fe, golero incluido, y Peñarol que se adelantó unos metros porque sabía que si se proponía hacer daño lo iba a conseguir.
Y así fue porque a los 58’, Sebastián Britos sacó del arco buscando en largo a Matías Arezo, quien corrió, la peleó, la ganó en tremenda patriada contra dos defensores rivales, enganchó hacia el medio dentro del área y puso la pelota contra un palo para anotar el 1-1.

El festejo de Peñarol, tras el gol de Matías Arezo ante Santa Fe. / Foto: AFP.
Ahí el aurinegro se dio cuenta de que podía, de que su rival no era ningún cuco y que si atacaba, lastimaba. Pero luego del gol de Arezo, Aguirre empezó a mover el banco y a pesar del ingreso de Eduardo Darias, el equipo se replegó. Fue así que se empezó a agigantar la figura de Lucas Ferreira en la zaga. El despliegue de Eric Remedi se multiplicó y el espíritu de Jesús Trindade le dio aire al equipo a 2.600 metros sobre el nivel del mar.
El cierre del partido fue con un trámite claro: Santa Fe con la pelota y la propuesta para anotar el segundo que nunca llegó y Peñarol defendiendo a puro corazón para salir rápido de contra. Alguna tuvo, pero otra vez los detalles y decisiones arbitrales polémicas -un córner que no fue y un claro penal no sancionado- jugaron su papel y el aurinegro se fue con un sabor agridulce de Bogotá porque empató y sumó un punto, pero sabe que bien pudo lograr una histórica victoria. Dejó pasar la chance.
Fuente El Pais
